El leproso Naamán

Naamán en el río Jordán.

Theme:

La provisión de Dios; sanidad.

Object:

Una mascarilla o gel antiséptico

Scripture:

2 Reyes 5:1-15 Versículo clave: “Entonces Eliseo envió un mensajero a que le dijera: ‘Ve y zambúllete siete veces en el río Jordán; así tu piel sanará, y quedarás limpio’” (2 Reyes 5:10-NVI).

No hay duda de que este año será recordado en la historia como el año del coronavirus. Aún cuando los niños aparentemente no han infectados por este virus, sí han sido afectados por él. Las escuelas han sido cerradas, las actividades de las iglesias han sido canceladas y te han dicho que tienes que mantenerte en tu hogar a menos que sea absolutamente necesario salir. De ser necesario salir de tu hogar, se recomienda, y algunos lugares es obligatorio, utilizar una mascarilla y mantenerte a una distancia de por lo menos seis pies de otras personas. Todas estas cosas se están haciendo para prevenir la propagación de la enfermedad.

Esto no es algo nuevo. Aún en tiempos bíblicos, las personas a veces han estado infectadas con alguna enfermedad. Una de esas enfermedades era la lepra, la cual creaba llagas o úlceras en todo el cuerpo. La Biblia dice que cuando una persona tenía lepra, tenía que cubrirse la parte baja de su cara y gritar: “¡Impuro! ¡Impuro!” Mientras tuvieran esa enfermedad, forzadamente tenían que vivir solos y mantenerse alejados de otros para que la enfermedad no se propagara.

En nuestra lección bíblica de hoy, leemos una historia acerca de un hombre llamado Naamán. Naamán era el jefe del ejército de Siria. El rey de Siria tenía un concepto muy alto de Naamán porque era un soldado muy valiente y había dado muchas victorias al ejército, pero tenía lepra.

En una de las redadas hechas por el ejército de Siria, capturaron a una joven de Israel, y le fue dada a la esposa de Naamán para que fuera su criada. Un día la joven le dijo a su ama: “Ojalá el amo fuera a ver al profeta que hay en Samaria, porque él lo sanaría de su lepra.”

Naamán fue a ver al rey de Siria y le contó lo que la joven le había dicho. El rey le dijo: ”Creo que debes ir; yo le mandaré una carta al rey de Israel.”

Así, que Naamán fue a ver al rey de Israel y le presentó la carta. La carta decía, “Te estoy enviando a mi siervo Naamán. Deseo que lo cures de su enfermedad de la piel.”

El rey de Israel leyó la carta, pero pensó que eso podía ser un engaño. “¿Por qué esta persona me envía a alguien para que yo lo sane de su enfermedad en la piel? ¡A lo mejor desea pelear conmigo!

El profeta Eliseo escuchó acerca de esto y le envió un mensaje al rey. “Indícale al hombre que venga donde mí. Entonces sabrá que hay un profeta en Israel.” Así que Naamán fue a ver a Eliseo. Se acercó a la puerta de la casa Eliseo. Eliseo envió un mensajero a Naamán. El mensajero le dijo: “Ve y zambúllete siete veces en el río Jordán; así tu piel sanará, y quedarás limpio.”

Naamán se enojó mucho cuando escuchó las instrucciones de Eliseo. Pensó que el consejo de Eliseo era muy simple. Él pensaba que para ser curado tendría que hacer algo más complicado.

Los sirvientes de Naamán le dijeron: “Si el profeta le hubiese pedido que hiciera algo complicado, ¿no le habría hecho caso? ¡Lo único que le dijo fue que se zambullera en el Río Jordán y así quedaría limpio! Debería estar dispuesto a hacer eso.”

Así que Naamán bajó al Jordán y se sumergió siete veces y la Biblia nos dice que su piel fue sanada y quedó limpio.

¿Qué podemos aprender de la historia de Naamán? Tendremos problemas que encarar o afrontar en nuestra vida. La solución puede ser tan simple como poner nuestra confianza en la promesa de Dios. “Bueno es el Señor; es refugio en el día de la angustia y protector de los que en él confían” (Nahum 1:7).

Padre celestial, sabemos que cuidas de nosotros. En los momentos difíciles ponemos nuestra confianza en ti. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

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