Dios escoge un Rey

Traducción de Zulma M. Corchado de Gavaldá

 

Tema: Dios no nos juzga por nuestro parecer - Cuarto domingo de Cuaresma Año A, Propio 6(11) Año B
Objeto: Un bate de pelota o algún otro equipo deportivo
Escritura: “Pero el Señor le dijo a Samuel: ‘No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón’” (1 Samuel 16:7 - NVI).

¡Me encanta practicar deportes! ¿Te gusta a tí? Algunas de las mejores memorias de mi niñez son el reunirme los sábados por la mañana con un grupo de mis amigos en el parque de la ciudad para jugar pelota (Sustituya por el deporte que usted desee). Lo primero que hacíamos era escoger los equipos. Dos jugadores se escogían como capitanes y ellos a su vez escogían alternadamente a los jugadores para sus respectivos equipos.

¿Cómo escogían los capitanes a sus jugadores? ¿Los escogían porque eran bien parecidos, por su forma de vestir, por ser populares con sus compañeros escolares? ¡De ninguna manera! Escogían a los jugadores por su velocidad y destreza. Escogían jugadores que pudieran pensar rápidamente y hacer buenas decisiones, que hicieran un buen trabajo cuando el juego se ponía difícil. No importaba cuán populares o guapos fueran.

Tengo otras memorias de esas mañanas sabatinas que no son muy felices. Recuerdo estar parado, esperando con miedo que fuera el último en ser escogido, o no ser escogido. ¿Sabes?, no era el más alto, ni el más fuerte, ni tampoco el más rápido. Pero tenía mucho corazón, y sabía que podía hacer el trabajo si alguien me escogía.

En la historia bíblica de hoy Dios ha decidido escoger un nuevo Rey para Israel. Le dijo al Profeta Samuel que fuera a Belén, a la casa de Isaí, porque había escogido a uno de los hijos de Isaí como rey de Israel. Cuando Samuel llegó a Jerusalén, fue a la casa de Isaí y le dijo que le presentara a sus hijos para que Dios le dijera a cuál de ellos había escogido. Mientras cada hijo de Isaí pasaba frente a Samuel, Dios le decía que ese no era el escogido. Samuel no entendía lo que estaba sucediendo. Todos eran hombres muy guapos y fuertes. Definitivamente uno de ellos debía ser el escogido. Pero Dios le dijo a Samuel: “No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.”

Después que siete de los hijos de Isaí habían pasado frente a Samuel, no quedaban más hijos en la casa. Samuel se dirigió a Isaí y le preguntó: “¿Son estos todos tus hijos?

“Queda David, el más pequeño, respondió Isaí, pero está cuidando el rebaño.” Samuel le dijo que mandara a buscarlo. En poco tiempo David llegó y estuvo frente a Samuel. Éste es,” dijo Dios. “Él será el próximo rey de Israel. Levántate y úngelo.”

David no era el mayor, ni el más alto, ni siquiera el más fuerte. Era sólo un niño que pastoreaba ovejas, pero cuando Dios vio a David, Él vio un rey. ¿Porqué? Porque Dios no se fijó en las apariencias, sino que miró al corazón.

Algunas veces los niños y niñas pueden pensar que son muy jóvenes para hacer algo importante para Dios. Si alguna vez tienes pensamientos como este, deseo que recuerdes la historia de David.. Cuando otros miraban a David, sólo veían a un pastor. Cuando Dios miró a David, vio un rey.

Amado Padre, ayúdanos a recordar que tú no juzgas a las personas por cuán grande sean o cómo luzcan. Tú juzgas a la persona por lo que tienen en su corazón. Amén.

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